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cuando favorecer a uno u otro?

A menudo abrumado por las tareas a realizar de forma inmediata y por los nuevos retos derivados de la pandemia, el empleador actúa en ocasiones en detrimento de una reflexión que habría sido fructífera. Por el contrario, la reflexión nunca debe estar bajo la influencia de la inercia.

El nuevo creador debe entender que el emprendimiento implica un motor en dos etapas: la de reflexión y la de acción. Se trata de diferenciar claramente estas dos etapas y saber pasar de una a otra según las circunstancias. Una mirada más cercana a este aspecto de la vida del emprendedor que, en última instancia, puede marcar la diferencia en términos de éxito.

La toma de decisiones lleva mucho tiempo

Crear un negocio genera muchas decisiones a diario, la mayoría caen en el sentido común y son autoimpuestas. Sin embargo, algunos, y no menos importantes, requieren reflexión o acción. El dilema entre madurar una idea y reactividad puede atormentar incluso a los emprendedores más conocedores. Realmente es el centro de la creación de empresas y no existen secretos internos para designar con seguridad uno u otro de estos tiempos operativos. Todo el talento del emprendedor radica en su capacidad para reconocer instintivamente la postura que debe adoptar ante un problema. Sin embargo, algunas nociones pueden ayudar a categorizar los problemas y, por lo tanto, la naturaleza de la respuesta gerencial que se brindará.

El tiempo normal de gestión diaria.

La reflexión es un tiempo de gestión generalmente adoptado en la gestión diaria de problemas predecibles y normales. Permite al empleador hacer preguntas, pensar en las diferentes opciones y comentar sobre sus equipos. Es el momento en que la gestión participativa decae. Esta es una oportunidad no solo para apoyar una decisión a través de la contribución de los empleados, sino también para forjar un espíritu emprendedor involucrándolos en el proceso de toma de decisiones.

El tiempo de respuesta a circunstancias excepcionales

La acción es el método preferido de reacción ante un evento imprevisto, un problema grave o incluso una crisis. Este tiempo del motor emprendedor es particularmente delicado, es el del capitán en la tormenta. El empresario debe tomar una decisión rápida, clara y bien. Las mejores escuelas de management del mundo no garantizan un perfecto dominio de estos delicados momentos en la vida del emprendedor.

La calidad de las decisiones

La calidad de esta toma de decisiones deriva de las cualidades personales del emprendedor, la sutil mezcla de lo innato y lo adquirido. Su capacidad para decidir rápidamente y bien le hará ganar reconocimiento como chef y le dará la confianza de sus equipos. Un desafío difícil, pero que nutre y forja al nuevo emprendedor, quizás algún día convirtiéndolo en un verdadero capitán de la industria. Los más jóvenes pueden sacar el recurso de Corneille para superar el obstáculo recordando «Ese valor para las almas bien nacidas no les espera por muchos años».

Reflexión y acción, un tándem

La transición prudente entre la reflexión y la acción depende, por tanto, de la agudeza y naturaleza de una pregunta. Este análisis condiciona la posición del empresario. Ciertamente obedece a contornos difusos pero estos últimos pueden imponer una regla simple: cuando hay duda, no hay duda. En resumen, si se pregunta si una pregunta merece una acción, probablemente valga la pena.

Proceso de decisión

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